DESPRENDERSE

Hola bellas ❤

Les cuento que día sábado hice un aseo general en mi pieza; comencé a revisar esas prendas que se encuentran muertas en el clóset, esas que compramos y dejamos en una esquina, esas que están solitarias y sin esperanzas de que las utilicemos, esas... de las que murmuramos frente a ellas "algún día te voy a usar". Debo confesar que varias de ellas me susurraron al oído que las dejara en el clóset, que las podía revivir, que en cualquier ocasión me servirían, y claro, al comienzo decidí dejarlas en el rincón, para que siguieran alucinando que las sacaría a la luz.

Seguí el orden pero no convencida de mis actos, pensaba que el poseer tanta cantidad de prendas, por muy de segunda vida que sean, también es un acto de consumismo y falta de desprenderse de lo material.

Dentro de las cosas que se encontraban sin uso, estaba ese abrigo rojo con el que muchas veces soñé y que en una tienda americana encontré el año 2015, ese que no importaba si era xxl (total se podía ajustar), ese con botones sin gracia que nunca me convenció. Al pasar el tiempo lo rediseñé, forré los botones con telas recicladas y me gustó el resultado, pero nunca lo usé y quedó abandonado.



Entre pensar y pensar, tomé la chaqueta junto a otras prendas gruesas que serían ideales para la temporada y decidí regalarlas.

Recordé la siguiente noticia que alguien compartió en facebook:

https://perfecto.guru/lb-si-ves-una-bufanda-en-un-arbol-no-te-apresures-a-buscar-a-su-dueno/

Y pesé en voz alta... bueno, si en otros países lo hacen ¿por qué no hacerlo acá?

Tomé la bolsa con mis prendas y les puse un mensaje: "Tómala si la necesitas" junto al abrigo colgado en un árbol frente a mi casa.

Quedé mirando por la ventana igual que cabra chica cuando espera al viejo pascuero, quería saber si realmente alguien se la llevaría. Les puedo asegurar que no pasaron más de ocho minutos y una persona de estatura media, desabrigada y que pasaba por las casas pidiendo alimento, miró las cosas, leyó el papel, quedó frente a ellas un par de minutos y decidió llevárselas.

Mi corazón quedó llenito, contenta no por mi acto ni por dármelas de Padre hurtado, sino porque alguien esa noche necesitaba un abrigo y lo encontró en un árbol junto a otras prendas de vestir.

El acto me hizo pensar y tomar la decisión de actuar. Creer en la ciudadanía y que personas que necesiten un abrigo sean las que realmente se lo llevarán ❤

Sería bonito que Temuco aportara con un gratino de arena y abrigar a miles de corazones que se encuentran en situación de calle.

Les estaré contando novedades... se viene!

Gracias por leerme ❤